Cada atardecer
te espero a orillas del mar,
anhelando el beso
que aún no nos pudimos dar.
Entre los versos
nos conocimos.
Porque las palabras brillan,
solo cuando tus ojos
las han leído.
Sopla el viento
y la marea sube.
El mar ruge,
pero no me detiene.
Nunca me rendiré.
Si me buscas,
ahí me tendrás.
No podré volar,
pero navegaré
si mi nombre has de llamar.
Déjame ser tus manos,
que en tus mejillas
se deben posar,
cuando mis poemas
debes recitar.
Déjame ser tus páginas
de cualquier libro,
sintiendo tu mirada
como mi corazón hace estallar.
Amar, eran solo letras
hasta el día
que te pude encontrar.

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