
Sentí el calor
al agarrar con fuerza la tierra
donde generaciones habían cultivado
todo lo que nos habían dado.
Levanté la tierra
y la dejé caer,
con la brisa,
bañando las piedras
que rodeaban aquel corazón.
El árbol en su centro
desplegaba las arterias
y la lluvia caía de ellas
haciendo latir nuestro hogar.
Sentí la fuerza
al correr los rios
por ese extenso mundo.
Sentí el amor
al sonar el tambor
en su interior.

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