Camine por las montañas
durante largos días.
Sin descanso,
con el reflejo de mar
en mis ojos.
Pude alcanzar la cima
más alta,
y tocar las nubes
con la yema de mis dedos.
Como si acariciando la piel
se tratase.
A pesar del frío extremo
y del terrible cansancio,
mis labios alcanzaron
el agua
que cayó de la única flor
que vivía en el cielo.
Agua que cayó sobre mi pluma
siendo la tinta
con la que pude reflejar
estos versos en una palabra: paz.

Deja un comentario