Estuve tumbado
bajo los árboles
largo tiempo.
Vi el amanecer
entre las extensas ramas
y las hojas próximas a caer.
Vi el atardecer
y vi las luces dibujar
figuras sobre mi rostro.
Vi los pájaros revolotear
entre los colores
que el lago reflejaba.
Mi cuerpo era una roca
de aquel bosque
que rompí en pedazos
e hice florecer
aquello que había muerto.
Una roca que no era piedra.
Sino una llena de plantas
en el que los animales
no debían temer acercarse.
Seguí mirando
hacia las estrellas.
Vi la luz
que en mi antigua vida
fue arrebatada.
Soy las manos
que la luna tocaba.
Soy de nuevo
el niño que una vez volaba.

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