Hoy he observado
el dulce abrazo del amor
y podido oír el hermoso
roce de sus cuerpos.
No es furia lo que desata
aquel paraíso azulado
que nos rodea
con su sutil movimiento.
Con sus grandes olas
toca al ser amado
besando su piel
y llevándola al placer.
Cuando el agua surca
los rincones oscuros,
no es el calor del sol
sino la pasión
quien hace hervir la tierra.
Abrazo,
que dura la eternidad
y cuya furia creída,
es solo la culminación
de la tierra y el mar.

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