Con la humedad de la noche
bañando aún la madera
de las viejas persianas,
la quiebra lentamente
como arrugas que el tiempo
envejece mi rostro.
Me despierto con el sonido
de la brisa helada del mar
llamándome para que por él
navegue un día más.
Los barcos listos para zarpar
hacia el nuevo amanecer.
Veré mi tierra
despertar con los rayos
que darán luz a mi soledad.
Somos viajeros de la noche
que damos los buenos días
a los seres del mar.
Cantamos versos
que el mismo Tritón
ansía escuchar.
Aunque mayor me haga,
sigo siendo el niño
enamorado por siempre del mar.

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