No se quiso hundir,
viendo que sus versos
se apagaban como farolas
cuando el Sol llegaba
con su nuevo despertar.
Sabía que jamás se encontrarían
aunque mirara la Luna
rezando que simplemente
ella la mirara
como única esperanza
en el que sus miradas
se pudieran cruzar.
Igual moriría,
pero su amor nunca se iría.
Da igual el tiempo.
Sus versos siempre perdurarían.

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