Aún mirando la hoja
con mi pluma llena de tinta
y con terror a que las palabras
no se liberen de ese lugar escondido,
pienso en tus ojos
y nado en ellos
viendo como los peces,
con escamas doradas
que iluminan el cielo,
traen las palabras
donde empieza la belleza
y termina mi miedo.
Creo que por fin
he besado los labios
de una dama,
que ha robado mi alma
bebiendo de los míos
todo verso que es suyo.
La tinta se acaba
pero mi voz no calla,
por ello por mi ventana recito
tu nombre con toda pasión
hasta mi último aliento
que por ti ha velado
y que por ti ha amado.

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