Cuando mi cuerpo
ya no esté presente
y mi alma descanse,
no llores por mi.
Recuerda cuando veíamos
a través de la luz y la noche
las sombras que hacíamos
en el techo que nos cubría.
Piensa en lo que reíamos,
siente aquella sensación de paz
y te prometo,
que cuando llegue la noche,
siempre que desees
yo estaré en aquellas sombras.
Yo estaré ahí contigo.
Siempre que me necesites,
mi mano siempre podrás coger.
Nuestras sombras siempre se tocarán…

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