Miradme.
No ocultéis vuestros ojos
que son las estrellas
que al nacer
fueron mi cuna.
Que al crecer
fueron mi horizonte.
En los años que sólo podía pensar
que erais nada más
que un sueño.
El cielo ha sido barrido
de las tinieblas que cubrían
lo que yo pensaba que era hogar.
He despertado y por fin
después de tanto peso
que ha soportado mi espalda
cargando las agujas del reloj,
por fin os tengo aquí.
Os doy mi espada,
si el rechazo es vuestra palabra.
El acero sería inacabable
y el dolor sería eterno.
Os doy mi vida y mi eternidad
si amor es vuestra palabra.
Volaré donde voléis
y de vuestro abrazo
jamás me perderéis.

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