Lloré porque pensé
que me llegaste a olvidar.
Pero realmente,
era yo mismo
que no recordaba quien era.
No veía mis manos
en la inmensa niebla
de aquella terrible soledad.
No veía el fin,
del camino que me desvió
y te perdí.
¿Recuerdas el lago?
¿Recuerdas el bosque?
Si ambos lo hacemos
sabré que estás ahí esperando
y sabré porque marché.
No tendré miedo de caer al abismo.
Seguiré andando, volando o nadando
en la gran manta que ciega mis ojos.
Pero se que al final,
se que donde acaba este sendero,
tus manos disiparán el aire
y recordaré lo único que necesito saber.
Que yo te amé.
Deja un comentario