Largo he escalado
para tocar las nubes.
He perdido el camino de vuelta
pero no me asusta
ver el abismo ante mi.
Toco la guitarra
oyendo eco en el vacío
y dando vida
donde nunca la hubo.
Canto y grito
helando el agua
que recorre mi cuerpo,
deslizándose en mi piel
creando estalactitas de hielo.
Rompo las cuerdas
y tiro el instrumento
diciendo adiós aquella vida
que me puso muro tras muro,
haciendo cicatrices en mis manos
de intentar derribarlos.
Miro de frente
y cada verso más
es un paso que doy hacia
donde las heridas desaparecen
y el abismo se convierte en un océano
con un barco a mis pies
hacia un nuevo horizonte que adentrarse.
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